Para las víctimas, puede
resultar sumamente estresante ser objeto de abuso, no sólo por lo que supone de
daño físico y psicológico, sino también por el daño moral que les provoca la
humillación por ser considerado débil y marginado. La víctima, llena de
temores, intenta disimularlos por un sentimiento de vergüenza, y muchas veces
percibe como causa su escasa capacidad para enfrentar las relaciones interpersonales.
Su autoestima se devalúa y la imagen de sí mismo se deteriora: se aísla cada
vez más, lo que termina afectando su rendimiento escolar.
PERFIL DE LA VICTIMA
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PSICOLÓGICO
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Inseguros y ansiosos
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Temerosos
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Baja autoestima
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Tímido y callado
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Se percibe poco hábil socialmente
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No responde a las agresiones.
Se siente incapaz para defenderse
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Evita pedir ayuda
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Perfil Psicológico
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Disimula y oculta su sufrimiento.
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CONDUCTA SOCIAL
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Realiza actividades individuales y solitarias
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Se lo ve frecuentemente aislado.
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Busca la cercanía de los adultos.
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Le faltan materiales con frecuencia.
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Baja competencia social.
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Es considerado débil por sus compañeros.
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Inhibido, sumiso y pasivo. Dependiente y apegado al hogar
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Cambios de humor repentinos, irritabilidad Conducta Social y
explosiones de enojo.
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Las tasas de inasistencia
son más altas entre los estudiantes victimizados que las tasas entre los
estudiantes que no lo son, lo mismo que con las tasas de abandono escolar.
Cuando los estudiantes son víctimas de hostigamiento habitualmente pueden
deprimirse y desalentarse incluso quedar propensos a cometer suicidio u
homicidio: "El bullying es un precursor de la violencia física por sus
perpetradores y puede desatar violencia en sus víctimas. " (Olweus, 1998).
Algunas víctimas de acoso,
cuando se perciben sin recursos para salir de esa situación, terminan
aprendiendo que la única forma de sobrevivir es convertirse, a su vez, en
violentos y maltratar a otros. En el caso de los violentos, ante la indefensión
de la víctima y la pasividad de los espectadores, refuerzan sus actitudes
abusivas y transfieren estos comportamientos a otras situaciones sociales.

Existen dos tipos de
víctimas (Avilés, 2002):
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La activa o provocativa: que suele exhibir
sus propios rasgos característicos, combinando un modelo de ansiedad y de
reacción agresiva, la cual es utilizada por el agresor para excusar su propia
conducta. La víctima provocativa suele actuar como agresor mostrándose violenta
y desafiante. Suelen ser alumnos que tienen problemas de concentración y
tienden a comportarse de forma tensionada. A veces suelen ser caracterizados
como hiperactivos, y lo más habitual es que provoquen reacciones negativas en
gran parte de sus compañeros.
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La víctima pasiva es la más común; son
alumnos inseguros, que se muestran poco y que además sufren calladamente el
ataque del agresor. Su comportamiento para el victimario, es un signo de su
inseguridad y desprecio al no responder al ataque y al insulto. En general son
alumnos rechazados y tienen dificultades para hacerse de amigos. Poseen al
igual que su victimario, deficiencias en sus habilidades sociales. Son los
menos populares y desarrollan una mayor actitud positiva hacia sus docentes que
los agresores. (Olweus, 1998)